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| CAMPAÑA: Operación DANTE | |
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TRAMA: El capitán Roma no se sentía muy cómodo con estos novatos. Parte de su incomodidad se debía a que sus expedientes eran clasificados y su entrenamiento, por lo que se había enterado a través de rumores, hizo mucho hincapié en la disciplina y poco en el combate. Eso por no hablar de que sus aposentos se encontraban separados del resto de escuadras, en una zona de alta seguridad de la nave. “Presten atención. Hay un pequeño río que tiene 4 pasos en él. No sería importante si no fuera por el hecho de estar delante de una ruina que los nativos locales protegen. Diríjanse al Muelle 17, donde les espera su transporte.” Y cuando se quedó solo sintió alivio. Y le llamó un detalle, ninguno de ellos había dicho nada. OBJETIVO PRIMARIO: ASEGURAR LOS PASOS Y LIMPIAR LAS RUINAS. JUGADORES: MARIO.
RESOLUCIÓN: Si ejecutaban esta misión con éxito sólo
quedarían 49 más. Ese era el pensamiento de los 5 hombres. No hablaban. Al
aterrizar salieron corriendo y se acercaron al río. El cabo Augusto se dio
cuenta inmediatamente que había cometido un error, debían haber flanqueado por
la derecha en vez de asaltar frontalmente, pues el terreno favorecía los
nativos. Ordenó a Sila que fuese a la derecha y a los demás que abrieran fuego.
En el intercambio se vio que les faltaba mucho camino por recorrer, y pronto él
estaba tan aturdido como su escuadra. Eso sí, si bien no impactaban a los
nativos si que lo hacían a unos malditos bidones que saltaban por los aires
dejando escapar una sustancia gaseosa verde. ¿Qué coño sería eso?. Y desde
luego, así no iban a llegar lejos, especialmente si disparaban al aire. Por si
fuera poco los nativos se recobraron de su aturdimiento mientras su escuadra no.
No es que fuera mal, es que era humillante y desesperante. Demasiado tiempo sin
practicar ni ejercer, ese era el problema. De repente los dos hombres a los
flancos, Escipión y Sila parecieron recordar sus habilidades y en escasos 5
segundos terminaron de asustar a tres unidades nativas, las cuales quedaron
fuera de combate. Sila empezó una carrera por el flanco derecho mientras
Escipión lo hacía por el lado izquierdo y Pompeyo y Agripa se pusieron en danza
por el centro. El hizo lo mismo e intentó seguir a Sila, pero no le era posible,
y encima se enganchó con las hierbas la cruzar el paso del río, y no se dio un
chapuzón de milagro. Al final se escapó el oficial de la escuadra nativa a pesar
de la carrera de Sila pero el otro nativo quedó copado por Escipión, Pompeyo y
Agripa. Tuvo suerte, pues levanto las manos justo cuando Escipión pretendía
reventarle con un disparo a bocajarro, y cosa irónica, surtió efecto. Se habían
ablandado demasiado. Eso si, habían gastado tanta munición que parecía que
tenían enfrente a toda una banda. Cuando subieron los recibió el comandante
Sparta, quien les sugirió que tal vez debieran comprar acciones en la empresa
del ejército, pues con su gasto de munición seguro que las acciones subían, y
también les preguntó si pertenecían a alguna sociedad protectora de nativos. Si
no hubiera sido por Pompeyo posiblemente Sparta hubiera desayunado esa mañana
carpaccio de cuchillo al dente estilo Sila. Llegaron sus vigilantes, les
retiraron sus armas y les acompañaron a sus aposentos. “No fue buena idea Sila”,
le reconvino Augusto. “Puede, pero si crees que las 49 restantes van a ser como
ésta será mejor que aprendas a bailar” replicó Sila. “Si es que llegamos a 50”
sentenció Escipión. Y a todo eso Pompeyo intentaba ligar con una de sus
vigilantes mientras Agripa valoraba la probabilidad de birlar la cartera a otro
de los vigilantes. Y entonces Augusto rió mientras pensaba “estos son mis
chicos, si señor”. | |
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