CAMPAÑA: Operación DANTE


    ESCENARIO 6: UN PEQUEÑO RÍO Y UNA GRAN RUINA.
    FECHA INTERESTELAR:
071717.003.724631
   
LUGAR: Sala de misiones de la nave Efebos.
   
TIPO DE MISIÓN: ASALTO.

TRAMA: El capitán Roma no se sentía muy cómodo con estos novatos. Parte de su incomodidad se debía a que sus expedientes eran clasificados y su entrenamiento, por lo que se había enterado a través de rumores, hizo mucho hincapié en la disciplina y poco en el combate. Eso por no hablar de que sus aposentos se encontraban separados del resto de escuadras, en una zona de alta seguridad de la nave. “Presten atención. Hay un pequeño río que tiene 4 pasos en él. No sería importante si no fuera por el hecho de estar delante de una ruina que los nativos locales protegen. Diríjanse al Muelle 17, donde les espera su transporte.” Y cuando se quedó solo sintió alivio. Y le llamó un detalle, ninguno de ellos había dicho nada.

OBJETIVO PRIMARIO: ASEGURAR LOS PASOS Y LIMPIAR LAS RUINAS.

JUGADORES: MARIO.

RESOLUCIÓN: Si ejecutaban esta misión con éxito sólo quedarían 49 más. Ese era el pensamiento de los 5 hombres. No hablaban. Al aterrizar salieron corriendo y se acercaron al río. El cabo Augusto se dio cuenta inmediatamente que había cometido un error, debían haber flanqueado por la derecha en vez de asaltar frontalmente, pues el terreno favorecía los nativos. Ordenó a Sila que fuese a la derecha y a los demás que abrieran fuego. En el intercambio se vio que les faltaba mucho camino por recorrer, y pronto él estaba tan aturdido como su escuadra. Eso sí, si bien no impactaban a los nativos si que lo hacían a unos malditos bidones que saltaban por los aires dejando escapar una sustancia gaseosa verde. ¿Qué coño sería eso?. Y desde luego, así no iban a llegar lejos, especialmente si disparaban al aire. Por si fuera poco los nativos se recobraron de su aturdimiento mientras su escuadra no. No es que fuera mal, es que era humillante y desesperante. Demasiado tiempo sin practicar ni ejercer, ese era el problema. De repente los dos hombres a los flancos, Escipión y Sila parecieron recordar sus habilidades y en escasos 5 segundos terminaron de asustar a tres unidades nativas, las cuales quedaron fuera de combate. Sila empezó una carrera por el flanco derecho mientras Escipión lo hacía por el lado izquierdo y Pompeyo y Agripa se pusieron en danza por el centro. El hizo lo mismo e intentó seguir a Sila, pero no le era posible, y encima se enganchó con las hierbas la cruzar el paso del río, y no se dio un chapuzón de milagro. Al final se escapó el oficial de la escuadra nativa a pesar de la carrera de Sila pero el otro nativo quedó copado por Escipión, Pompeyo y Agripa. Tuvo suerte, pues levanto las manos justo cuando Escipión pretendía reventarle con un disparo a bocajarro, y cosa irónica, surtió efecto. Se habían ablandado demasiado. Eso si, habían gastado tanta munición que parecía que tenían enfrente a toda una banda. Cuando subieron los recibió el comandante Sparta, quien les sugirió que tal vez debieran comprar acciones en la empresa del ejército, pues con su gasto de munición seguro que las acciones subían, y también les preguntó si pertenecían a alguna sociedad protectora de nativos. Si no hubiera sido por Pompeyo posiblemente Sparta hubiera desayunado esa mañana carpaccio de cuchillo al dente estilo Sila. Llegaron sus vigilantes, les retiraron sus armas y les acompañaron a sus aposentos. “No fue buena idea Sila”, le reconvino Augusto. “Puede, pero si crees que las 49 restantes van a ser como ésta será mejor que aprendas a bailar” replicó Sila. “Si es que llegamos a 50” sentenció Escipión. Y a todo eso Pompeyo intentaba ligar con una de sus vigilantes mientras Agripa valoraba la probabilidad de birlar la cartera a otro de los vigilantes. Y entonces Augusto rió mientras pensaba “estos son mis chicos, si señor”.
 

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